Dicen que el primer paso para cambiar es aceptar el problema... pues bien, aquí vamos a mirarnos al espejo sin miedo.
No para juzgarnos, sino para reírnos un poco de nuestras mañas y después corregirlas con estilo. Cuando hablo de pecados del negro moderno, no me refiero a los de misa ni a los que el cura perdona con tres padres nuestros. Estoy hablando de esos malos hábitos mentales y culturales que se nos fueron metiendo poquito a poquito, como el polvo del camino, y que, sin darnos cuenta, nos tienen amarrados a la pobreza. Son pecados que no huelen a azufre, pero sí a resignación. Que no vienen del diablo, sino de la costumbre. Y lo peor: muchos los repetimos con orgullo, creyendo que así "somos nosotros".
El negro moderno —ese que viste bien, que estudió, que tiene redes sociales y hasta tarjeta de crédito— sigue cargando los mismos fantasmas de siempre: el miedo, la comparación, la pereza, el orgullo, la ignorancia, la falta de empatía y el conformismo. Pecados que no están escritos en la Biblia como estamos acostumbrados a verlos, pero que sí están tatuados en la mente.
Este capítulo no es para señalar a nadie. Es para que nos riamos juntos de nuestras propias locuras, esas frases típicas que todos hemos dicho alguna vez: "Yo no nací pa' ser rico." "Mientras tenga qué comer, estoy bien." "Eso no es pa' nosotros." Y yo te pregunto: ¿por qué no?
¿Quién dijo que el negro no puede ser empresario, ingeniero, millonario o dueño de su propio destino? El problema no está en el color de la piel, sino en el color de las ideas.
En esta primera parte te voy a mostrar los diez pecados que más frenan nuestro crecimiento, no para que te sientas culpable, sino para que te rías, te sacudas y digas: "¡Carajo, yo no vuelvo a caer en eso!".
Porque la verdadera libertad no empieza con un discurso, empieza cuando dejas de repetir lo que te empobrece y comienzas a practicar lo que te engrandece. Prepárate para reír, reflexionar y, si te pica la conciencia, ¡no te rasques, actúa! Porque el negro que reconoce sus pecados, ya está a medio camino de su prosperidad.