Dicen que "dos cabezas piensan mejor que una", pero en el Chocó decimos: "diez negros pensando juntos hacen un milagro." Durante siglos, nuestra comunidad afro ha sobrevivido gracias a la colaboración: la minga, el convite, el mano a mano, el "vecino, me presta una taza de arroz y mañana le devuelvo dos".
Eso, sin saberlo, ya era economía colaborativa: compartir recursos para que nadie se quede atrás. El problema llegó cuando el sistema nos metió en la cabeza la palabra "competencia". Nos enseñaron a ver al hermano como rival y no como aliado. Y ahí fue donde empezamos a perder.