Dicen que el negro llega tarde a todos lados, pero a veces llega tan tarde... que ya cerraron la oportunidad.
La impuntualidad es ese pecado disfrazado de costumbre. Nos acostumbramos a decir "ahí voy", cuando ni siquiera hemos salido, o "ya casi", cuando todavía estamos buscando la ropa. Y lo peor: lo decimos con orgullo, como si ser impuntual fuera una marca cultural. No nos damos cuenta de que cada minuto que se pierde, es una puerta que se cierra.