Dicen que el dinero no compra la felicidad... pero hay quienes igual se endeudan tratando de comprobarlo. Y ojo: el problema no es querer dinero. El problema es quererlo tanto, que se te olvida para qué sirve.
El negro moderno, después de años de escasez, sueña con la abundancia —y eso está bien—, pero algunos se van al otro extremo: quieren tenerlo todo, rápido y sin propósito. Y en ese desespero, pierden la paz, la ética, la familia y hasta la salud. La ambición sin control es como el fuego: te puede cocinar el almuerzo... o quemarte la casa.