Dicen que "una no es ninguna", pero en el pueblo siempre hay uno que convierte "una" en una docena. Y mientras más bebe, más sabio se siente... hasta que llega el lunes y no se acuerda ni de qué dijo. El problema no es brindar. El problema es vivir brindando por lo que no se ha logrado. Porque hay quien celebra cada fin de semana como si hubiera cerrado un contrato
millonario, y lo único que ha cerrado es la puerta de su propio progreso. Nos enseñaron a creer que el licor es sinónimo de alegría, de compartir, de ser social. Y sí, el negro es alegre, el negro es fiestero, ¡eso no se discute! Pero una cosa es celebrar la vida... y otra muy distinta es emborracharse para olvidar que no la estás viviendo.