Dicen que el orgullo no mata... pero sí deja mucha gente pobre, sola y estancada. El negro moderno, que tanto ha resistido, a veces confunde dignidad con terquedad. Y ese orgullo, que alguna vez fue escudo para sobrevivir, hoy se ha convertido en muro para avanzar.
El orgullo mal gestionado es como una casa sin puertas: nadie entra, nadie sale, y al final te asfixias dentro de tu propio ego. Nos cuesta pedir ayuda porque creemos que eso es debilidad. Nos cuesta reconocer errores porque creemos que eso nos quita valor.