lo mantienen en la pobreza Después de recorrer estos diez pecados, uno entiende que la pobreza no siempre empieza en el bolsillo, sino en la mente.
No se trata solo de falta de dinero, sino de exceso de hábitos que nos frenan: la apariencia, el trago, la pereza, el orgullo, la desunión, la impuntualidad, la ignorancia, el asistencialismo, la ambición sin propósito y la creencia de que el título lo es todo. Cada uno de estos pecados tiene un enemigo común: la falta de conciencia.